aceptar tu cuerpo y respetarlo es amarte plenamente

Si hacemos una encuesta y le preguntamos a las mujeres por la calle si se aman y se respetan, seguramente dirían que sí, rápido y sin dudarlo. Parece obvio, si no nos amáramos… Pero, la verdad es que en la vida real muchas veces nos comportamos exactamente al contrario, sin respeto ni amor hacia nosotras mismas.

Aunque muchos hombres también caen en el mismo error, somos especialmente las mujeres las que más fallamos a la hora de respetarnos y amarnos, empezando por nuestro propio cuerpo. Los cánones de belleza de nuestro tiempo, nos muestran chicas jóvenes, guapas y con cuerpos perfectos que no tienen ni un solo gramo de grasa. Aceptamos que todo lo que no responde a esos cánones es feo e imperfecto y, sin dudarlo, nos metemos de lleno en esa categoría.

Por supuesto, eso se agrava con la edad. Una vez que atravesamos la barrera de los 40 nuestro cuerpo empieza a alejarse irremediablemente del estereotipo de belleza perfecta. Y en ese momento, si no lo hemos hecho antes, empezamos una lucha contra nosotras mismas. Torturamos nuestro cuerpo, lo maltratamos obsesivamente y para colmo lo menospreciamos, lo insultamos y lo miramos con desprecio.

Si sabes a lo que me refiero, entonces no olvides que tu cuerpo es sagrado, sólo a través de él puedes formar parte de este mundo y es tu cuerpo lo que te identifica y te diferencia. Piensa que la madurez no sólo te trae cambios físicos (aunque algunos no te gusten demasiado), sino que también debe ir acompañada de más seguridad en ti misma. Aprecia tu verdadero valor y aprende a amar y a aceptar tu cuerpo porque es parte esencial de ti misma. Y una parte hermosa. Sólo aceptando y amando tu cuerpo te sentirás una mujer plena y feliz.

¿Cómo respetar, amar y aceptar tu cuerpo?

Si piensas que todavía tienes trabajo que hacer para mejorar la forma como aprecias tu cuerpo, estos sencillos consejos pueden serte útiles.

1. Cambia tu perspectiva sobre ti misma

Olvida ese loco afán de ser perfecta y relájate. Nunca serás perfecta para todos ni le gustarás al 100% de las personas, así que preocúpate por estar cómoda y feliz contigo misma. Y sobre todo deshazte por favor de la vergüenza. Tu cuerpo puede no ser perfecto pero es único y es tuyo, así que míralo con amor. Cuídalo pero hazlo por ti, no por conseguir la aceptación y el cariño de los demás.

2. Olvida la manía de compararte

Amar tu propio cuerpo es saber que a pesar de sus aparentes (sí, aparentes) defectos, es perfecto. Deja de mirar a las modelos o las otras mujeres con las que te cruzas por la calle y compararte con ellas. Haciendo eso sólo consigues atormentarte, siempre encontrarás unas caderas más estrechas, unas piernas más largas o una cintura más fina que la tuya. Piénsalo, ¿realmente necesitas torturarte con eso? Aceptar tu cuerpo será una liberación.

3. Preocúpate porque tu cuerpo esté sano y fuerte, no delgado

Aunque todo está relacionado, no es exactamente lo mismo. Cuida tu cuerpo para mantenerlo en forma, y lo más seguro es que al hacerlo lograrás perder esos kilitos que te molestan. Pero no confundas el objetivo. Haz ejercicio y come de manera saludable para fortalecer tus músculos, tus huesos, tu corazón y el resto de tu organismo. El objetivo es que tu cuerpo esté fuerte y sano, en condiciones de responder a tus necesidades. No hagas ejercicios o dietas espantosas sólo porque quieres verte delgada, eso puede hacerte más daño que bien. La apariencia es lo menos importante. Cuida tu cuerpo porque lo amas y quieres lo mejor para él… se lo merece.

4. Cambia la forma como te comunicas con tu cuerpo

Olvida esa costumbre de mirarte al espejo en busca de imperfecciones. Deja de insultar a tus caderas por ser demasiado anchas, a tus piernas por tener celulitis o varices o a tus pechos por ser demasiado pequeños, demasiado grandes o por haber perdido su firmeza. Cuando haces eso faltas el respeto a tu cuerpo y a ti misma. Y no hables mal de tu cuerpo con otras personas, si tú no lo respetas, cómo puedes esperar que alguien más lo haga.

5. Si hay algo que quieres mejorar, hazlo, pero con paciencia y amor

Aceptar tu cuerpo no significa que no quieras cambiar alguna cosa. Asegúrate de que lo haces por ti misma y no por vergüenza o por buscar la aprobación de otros. Si tú eres el único motivo, adelante. Lucir bien te hará sentir bien, pero recuerda que debes amar y respetar tu cuerpo antes, durante y después, no únicamente si consigues “arreglar” aquello que te desagrada.

6. Haz una lista de las cosas maravillosas que hace tu cuerpo por ti

Una manera infalible de amar tu propio cuerpo es reconociendo todo lo bueno que te ofrece. Piensa en aquellas cosas que tu cuerpo es capaz de hacer, caminar varios kilómetros, nadar, correr, montar en bicicleta. Recuerda cuántas veces tu cuerpo ha respondido valientemente y ha soportado toda la presión a la que lo has sometido, días sin descanso, sacrificios, noches en vela. ¿Has superado alguna enfermedad grave? Tu cuerpo se ha mantenido firme y merece tu respeto y tu amor.

7. Da las gracias

Puede que estés envejeciendo y perdiendo la lozanía de la juventud, pero estás viva y ese es un motivo maravilloso para estar agradecida. Quizá tu cuerpo ya no es el de antes, tu cintura es más ancha o tu cara tiene arrugas, pero respiras y sigues aquí. Piensa en cuánta gente muere sin tener la oportunidad de llegar a vieja, o ni siquiera de hacerse adulta. Seguro que si pudieran, no les importaría tener un cuerpo imperfecto y arrugado, con tal de seguir viviendo.

Eres afortunada, estás viva y tienes un cuerpo maravilloso que puedes seguir utilizando, así que respétalo, cuídalo, acéptalo y sobre todo ámalo. Camina, corre, baila, salta, utiliza tus brazos para abrazar y saca el máximo partido de lo que puedes hacer con ese regalo maravilloso que la vida te ha dado.

Christiane Northrup, lo resume todo de una manera maravillosa en su libro «Las Diosas Nunca Envejecen»: Honrar la «vasija» que es tu cuerpo y paladear cada momento de vida que puedas, ese es el verdadero objeto de estar aquí. Tu concepción y tu presencia aquí, en esta época y en este espacio, no fueron un error, sino un milagro orquestado antes de tu nacimiento por tu espíritu, la parte de ti que es eterna.

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