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Comer poco, una costumbre con más ventajas de las que imaginabas

Estilo de vida, Salud y Bienestar

comer poco, una buena costumbre

Seguramente has oído hablar de las dietas de restricción calórica para perder peso y también sabes que la calidad de lo que comes influye en la salud, pero quizá no sepas que en la actualidad muchos estudios apuntan a que comer poco (no sólo comer bien) puede ser un factor determinante para alargar la vida.

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En busca de la eterna juventud

No es ninguna novedad que los científicos estén buscando la fórmula infalible que para hacernos vivir más.

Encontrar la fuente de la eterna juventud es el sueño del hombre casi desde el principio de los tiempos. Aunque casi nadie habla abiertamente de alcanzar la “vida eterna”, parece haber una obsesión creciente por encontrar la manera de llevar la esperanza de vida del ser humano mucho más allá de los cien años. Y todo apunta a que se logrará a corto plazo.

Constantemente escuchamos que tener hábitos saludables, basados en una alimentación adecuada, hacer ejercicio moderado y mantener una mente positiva, son la manera de vivir más y sobre todo de vivir mejor.

No obstante, últimamente los investigadores parecen seguir la pista que indica que no sólo comer bien es importante sino que hay que comer poco para vivir más. Así que empezar a comer menos de lo que acostumbras puede ser una buena idea.

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Comer poco puede alargar la vida

La teoría de que comer poco alarga la vida no es nueva, sin embargo en los últimos años parece haber cada vez más estudios que lo confirman, como producto de décadas de experimentación.

A mediados de los años treinta del siglo pasado, científicos norteamericanos descubrieron que al reducir la comida a sus ratones de laboratorio, lograban que éstos vivieran hasta un 50% más. Y aunque esto pasaba también en gusanos y otros organismos, nada garantizaba que los mismos resultados se producirían en el ser humano.

Con el correr de los años las pruebas con seres vivos siguieron realizándose, aunque en algunos casos, los resultados obtenidos parecían contradecir esta teoría.

Sin embargo hace poco las esperanzas de los científicos han vuelto a renacer gracias a las conclusiones obtenidas de los estudios hechos con macacos. Recordemos que (nos guste o no) tenemos mucho en común con estos primates, con los que compartimos un 93% de ADN, así que es posible que lo que funcione en ellos también funcione en nosotros.

Las conclusiones son esperanzadoras, los macacos sometidos a dietas de restricción calórica, ganaron un 10% más de años de vida con respecto a aquellos a los que se les permitió comer libremente todo lo que desearan. Y aunque un 10% no parece mucho a priori, de darse ese mismo porcentaje en el ser humano podría significar en promedio entre 8 y 9 años más de vida.

Por supuesto, no sólo es importante consumir menos calorías al día, sino que es igual de importante la calidad de esas calorías. No es lo mismo que la dieta (aunque baja en calorías) esté compuesta principalmente por alimentos procesados y grasas, que por verduras, frutas y en general alimentos no procesados. Aun siendo el mismo número de calorías, hay una gran diferencia en el peso corporal y en la salud.

Cómo y cuándo comer poco para aprovechar sus beneficios

Otro de los descubrimientos de los investigadores es que comer poco alarga la vida sólo en las personas adultas y ancianas, pero no tiene los mismos efectos en los jóvenes. Así que si te estás planteando reducir tus raciones de alimento diario, toma en cuenta que es una excelente estrategia si ya eres un adulto, pero que no vale para quienes están creciendo.

Los efectos beneficiosos  para los adultos y ancianos no sólo se limitan a la posibilidad de vivir más tiempo, está comprobado que la restricción calórica protege contra los problemas cardiovasculares, la neurodegeneración, la diabetes y el cáncer, eso sin olvidar que al consumir menos calorías se mantiene un peso corporal adecuado.

En general, en las sociedades occidentales tendemos a comer más de lo que realmente necesitamos para vivir. El alimento es nuestro combustible vital, pero en exceso hace más mal que bien. Además, hay que tener en cuenta que según nos vamos haciendo mayores tendemos a llevar una vida más sedentaria, por lo que nuestras necesidades de energía (calorías) son menores. Por eso, ir disminuyendo el tamaño de nuestras raciones de comida según envejecemos tiene muchos beneficios.

Cuánto comemos y qué comemos influye directamente sobre cómo envejecemos y puede ser la diferencia entre vivir más tiempo y con mejor calidad de vida, o no.

Algunos ejemplos que reafirman esta teoría

Aunque los científicos todavía tienen mucho trabajo por hacer y llevará décadas entender qué y cuánto debemos comer si queremos tener una vida más longeva, existen muchas sociedades que se distinguen por su “facilidad” para tener una vida larga y saludable. Esas sociedades son buenos ejemplos si observamos con atención sus hábitos alimenticios.

Los japoneses de Okinawa, por ejemplo, son uno de los pueblos más longevos del planeta. Mucho se ha estudiado sobre sus hábitos de vida y una de las cosas que más ha llamado la atención a los investigadores es que los adultos mayores consumen pocas calorías al día y basan su alimentación en pequeñas raciones, fundamentalmente de verduras y pescado. Este tipo de dieta hace que los japoneses (en general) tengan una tasa de obesidad casi anecdótica, con lo que reducen en gran medida los problemas de salud asociados a ella.

Los Hunza, de los Himalayas, son otro de los pueblos más longevos de la tierra. Entre ellos es común encontrar a personas centenarias gozando de excelente salud y con una vida muy activa. Su dieta no supera las 2000 calorías al día (y hay que tener en cuenta que viven en una zona de mucha altitud, con inviernos muy fríos) y se basa fundamentalmente en frutas y verduras crudas, queso de oveja y granos germinados. Los Hunza acostumbran también a practicar ayunos frecuentes, una costumbre que muchos asocian con la longevidad.

La aldea china de Bama Yao es otro buen ejemplo, un lugar donde encontrar decenas de centenarios que tienen una vida tan larga, entre otras cosas, gracias a su dieta rica en antioxidantes, Omega 3 y Omega 6. Un factor importante es que su alimentación es muy pobre en grasas, azúcares y sal.

Pero no sólo en el lejano oriente hay ejemplos de pueblos centenarios, la encantadora y paradisiaca isla griega de Icaria es otro lugar donde muchos de sus habitantes superan con facilidad los cien años. La famosa dieta mediterránea, basada en legumbres, verduras, aceite de oliva y pocas carnes, parece ser una de las claves de su éxito.

No se trata sólo de comer menos

Por supuesto que no sólo comer poco es la respuesta para llegar a cruzar el umbral de la centuria, otros factores como la tranquilidad, la vida en comunidad, mantenerse activos a pesar de la edad y la ilusión, son determinantes para tener no sólo una vida larga sino una vida mejor.

En cualquier caso, si ya has cruzado el medio siglo, quizá sea el  momento de que te plantees no sólo poner atención en los alimentos que consumes a diario sino en la cantidad en que lo haces. Reducir drásticamente la cantidad de alimento diario puede ser difícil, por eso lo mejor es ir haciendo pequeños cambios, hasta que consigas comer menos pero lo suficiente para mantenerte bien nutrido y con buena salud.

Piensa que seguir la antigua sabiduría oriental que aconseja comer sólo hasta que el estómago esté a un 80%, puede ser muy beneficioso para ti a largo plazo.

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