cuantos años tienes dices la verdad o mientes

Ya que estamos intentando aprender a cumplir años y a vivir mejor la segunda mitad de nuestra vida, me gustaría empezar por preguntarte ¿cuántos años tienes? Seguro que tu respuesta ha sido sincera, pero ¿ha sido sincera porque no tienes ningún problema en reconocer tu edad o porque no estoy delante y realmente no tengo forma de escucharte?

No me alcanzarían los dedos de las manos para contar cuánta gente conozco que se quita la edad. Seguro que tú también conoces a algun@s. Y eso que el proceso de quitarse años de encima no es fácil, porque quien se quita años no siempre tiene claro cuántos años quiere tener, ni mucho menos por cuánto tiempo puede seguirlos teniendo 😉 así que normalmente va variando su versión. Como resultado puede que tú conozcas a una María de 55 años, mientras que yo conozco a “la misma María”, pero de 53. Sólo María (y a veces ni ella a fuerza de tantas versiones distintas) sabe en realidad cuántos años tiene.

La cosa es tan graciosa que incluso tengo amigos en las redes sociales que ponen diferentes fechas de nacimiento cada vez que se dan de alta en alguna. Como resultado, cumplen una edad diferente cada vez, según donde se mire. Incluso sé de alguien que consiguió mentir en su dni y es “menor” oficialmente!!

Pero, volviendo a la pregunta del comienzo. ¿Eres de los que no tienen problemas en reconocer su edad o eres de los que acostumbran a quitarse algunos añitos, siempre que puede?

Reflexionando sobre esta costumbre, que a priori es de lo más inofensiva, me he dado cuenta de que en el fondo del todo hay algo que no es nada banal: quitarse años no es sólo una cuestión de vanidad es una cuestión de insatisfacción.

¿Qué hay en el fondo, cuando mentimos sobre nuestra edad real?

Está claro que una de las primeras razones por las que mentimos sobre nuestra edad es porque nos negamos a envejecer. La idea de la vejez está relacionada con demasiadas cosas negativas (lo que no son más que prejuicios) así que cuanto más tarde lleguemos al punto en el que somos considerados “viejos” mejor.

La juventud y todas sus supuestas ventajas están sobrevaloradas socialmente. Los medios de comunicación (televisión, revistas, internet) constantemente nos muestran imágenes de chicos y chicas jóvenes, de cuerpos esculturales, “vendiéndonos” la idea de que todo lo que no entre dentro de esos cánones de belleza y edad es imperfecto y no es digno de mostrarse.

Como resultado, nos obstinamos en parecer siempre que podemos, más jóvenes de lo que somos, olvidándonos de las cosas maravillosas que ganamos cuando llegamos a la madurez.

Por supuesto, no queremos que nos consideren viejos porque inconscientemente pensamos que eso puede significar rechazo, discriminación o menosprecio. Creemos que al hacernos viejos perdemos nuestro valor y nos negamos a ello (como es natural). Eso, claro, sin olvidar el miedo a la muerte. Cuantos más años cumplimos, más cerca estamos del “gran final” y eso nos da pánico.

Pero aunque todas esas ideas preconcebidas sobre la vejez son un motivo de peso para mentir sobre nuestra edad, creo que el motivo más importante es que no estamos felices con la vida que hemos vivido durante los años que llevamos sobre la tierra.

¿Es lo mismo cuántos años tienes que cuántos años has vivido?

Una vez leí un cuento de Jorge Bucay, titulado “Tiempo Vivido”, que se me quedó grabado en el corazón. Es una historia fantástica que cuenta como “un buscador” llega a un hermoso cementerio donde descubre pequeñas lápidas con los nombres de quienes estaban allí enterrados: Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días; Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas; y así muchos más y ninguno superaba los 11 años de vida. Entonces el buscador lloró tristemente preguntándose por qué en aquel pueblo morían tantos niños.

El cuidador del cementerio lo vio llorar y, al conocer los motivos, lo tranquilizó diciéndole que no eran niños los que estaban allí enterrados. Le explicó que en aquel pueblo todos llevaban una pequeña libreta y anotaban en ella los momentos en que habían sido felices intensamente, señalando el tiempo que esa experiencia había durado (horas, días, semanas, meses). Luego al morir, sus amigos y familiares sumaban ese tiempo y así determinaban cuánto tiempo había vivido la persona, porque para ellos ese era el único tiempo vivido realmente!

¿No te parece una medida maravillosa del tiempo? ¿Te has dado cuenta de que la gente feliz, sea quien sea y haga lo que haga, no se quita años, sino que se los suma sin problemas? La gente que de verdad está satisfecha con su vida admite sin vergüenza su edad y no le importa si parece mayor o si parece más joven, sólo tiene la edad que tiene y eso basta.

Esas personas saben que la vida es un regalo, que si han llegado a vivir los años que han vivido, son unos afortunados (hay millones que no tienen la suerte de llegar a viejos) y, más aún, saben que lo más importante no es el número de años que tienen sino la calidad de vida con la que los han llenado.

En el fondo, si le quitamos por ejemplo 5 años a nuestra vida, lo que estamos diciendo es que queremos volver el tiempo atrás, porque no hemos vivido lo suficiente, porque esos años han pasado sin haber significado nada importante para nosotros, en otras palabras, porque los hemos desperdiciado.

Porque no importa cuántos años tienes, sino cuántos años vives! Si vives cada año (cada día) de forma intensa, si disfrutas de las pequeñas y de las grandes cosas, si caminas siempre sabiendo hacia dónde vas, si tienes nuevos sueños por los que luchar, entonces no importa si tienes 40, 50, 60 o 100 años.

Tengas la edad que tengas te encantará decirla con sinceridad, con naturalidad, porque es tu vida de la que estás hablando y cada año que has vivido ha sido importante, cada año de verdad ha contado.

Por eso, si eres de los que miente cuando te preguntan cuántos años tienes, piensa ¿por qué lo haces?  ¿a quién quieres engañar? ¿por qué necesitas parecer más “joven” de lo que en realidad eres?

Piensa si no sería mucho más satisfactorio llenar cada año de tu vida de una vida plena y publicar tu edad a los cuatro vientos con orgullo, porque cada año que has vivido ha sido importante. Porque cada arruga representa una gran alegría o una gran pena, pero todo es parte de tu historia.

Que el día que alguien ponga tu edad en tu tumba, ponga muchos años y que todos hayan valido la pena!

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